Desde hace una semana, atraen las miradas de los queleños y de quienes surcan la villa. Son el equipo de cinco especialistas, coordinados por el gallego Juan José Rodríguez, encargados de descolgar y colocar la malla de triple torsión que atará la Peña de Quel y evitará que se produzcan los desprendimientos que amenazan el casco urbano desde hace siglos.
«Para nosotros es lo cotidiano, nuestra tarea día a día», sonríe Juan José al terminar de descender la pared vertical de 100 metros de altura. La primera fase de los trabajos para su estabilización, que suponen una inversión de 980.898 euros -con un aporte de 833.764 por el Gobierno riojano-, arrancaban la pasada semana en el tramo de 400 metros de la Peña más próximo al casco urbano.
La labor de los hombres dirigido por Juan José comienza a primera hora de la mañana, sobre las 7.00, para evitar el intenso calor de estos días. Desde lo alto de la Peña, con unos 8 kilogramos de equipo, descuelgan las cuerdas y, tras ellas, los cinco especialistas 'rapelan' y van descolgando los rollos de malla, desplazándose a lo largo del talud con poleas y atándola con taladro a la roca. «La mayor dificultad es el desplome de casi cinco metros de la pared, donde deja de ser vertical y te obliga a adosar la malla y reenviarte hacia dentro de la pared», describe Juan José.
Pasión y confianza
La tarea de descolgar cada rollo les lleva unas tres horas, así que emplean la mañana y la tarde en el par que colocan a lo largo del día. Tienen trabajo para meses.
Para estos amantes de las alturas, acostumbrados a trabajar en taludes de carretera, anti-aludes contra la nieve, etc. en un sector en el que no escasean las llamadas, la Peña de Quel tiene un atractivo especial por su formación. Y la espectacularidad de su labor pasa a ser pasión. «Es divertido... la adrenalina te sube cuando bajas la pared», describe José Luis. «Lo fundamental, además de buen entrenamiento, es no tener miedo y confiar en la cuerda y tu equipo», explica Juan José, primando ante todo la seguridad.